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Arquitectura Negra,
un viaje a un entorno singular

Visitar los pueblos de la Arquitectura Negra es sacar un pasaje con rumbo a otro mundo, donde uno puede sacudirse de la ropa el olor a ciudad y empaparse de silencio, mientras pasea por un buen puñado de pequeñas aldeas con muros recios, tejados brillantes y humeantes chimeneas que rezuman a leña; colgarse la mochila al hombro y echarse al camino para perderse por profundos cañones desde los que se precipitan cascadas imposibles o por bosques bucólicos de árboles centenarios, quizá recolectando las deliciosas setas que nacen aquí por doquier.

 

A la zona de Arquitectura Negra se puede acceder (o volver) por Cogolludo. El Palacio de los duques de Medinaceli (1492-1502)  viste la plaza de este municipio, donde ya comienza a gobernar el pico Ocejón, eterno vigía de esta ruta. Es el primer ejemplo de arquitectura civil renacentista de España, donde domina su horizontalidad, el almohadillado florentino de su fachada y su remate balaustrado. También se aprecian algunas construcciones de gran belleza, deshaciéndose a sus pies en soportales típicos de la arquitectura popular. Un paseo por la localidad ofrece las hermosas vistas de dos templos: La iglesia de Santa María (siglo XVI), en la parte alta, junto a las ruinas del castillo, y la iglesia de San Pedro (s. XVI) levantada sobre una iglesia románica anterior.

 

La Sierra de Ayllón engulle a sus pueblos, que asumen los colores dorados y oscuros de sus cuarcitas y pizarras y recorta horizontes de siluetas escarpadas. Los municipios de la Arquitectura Negra se confunden y desaparecen en la distancia, mostrándose fuertes y robustos cuando se pasea por sus calles, entre construcciones típicas de montaña.

Tamajón abre la puerta a los pueblos de la Arquitectura Negra. El antiguo Palacio de los Mendoza, de estilo Plateresco, alberga hoy el Ayuntamiento de la localidad. Abandonando el municipio, junto a la carretera, se encuentra su iglesia de la Asunción, de estilo románico (S.XIII) y más adelante, la ermita de la Virgen de los Enebrales (S.XV), en la que la pizarra tiñe de negro su cubierta, anticipando el uso arquitectónico de esta característica roca. Un profundo bosque esconde en sus fauces una coqueta ciudad encantada donde las rocas dibujan estructuras multiformes.

El camino se adentra aquí en los pueblos de la Arquitectura Negra, pequeñas aldeas de arquitectura rústica, donde la pizarra típica de sus paisajes, se adueña también de sus calles, plazas y edificaciones, dotándola de su color negruzco y brillante característico, en perfecta armonía con el entorno. A lo largo de la carretera GU-327 se intercalan núcleos de población de similar apariencia y fisonomía, como Campillejo, El Espinar, Campillo de Ranas, Robleluengo y Majaelrayo.

En Campillo de Ranas se abre una peculiar plaza presidida por la iglesia parroquial de Santa María Magdalena, en la que la pizarra se intercala con piedras calizas de diversos tonos. Sin duda, el elemento más característico de esta plaza es un interesante reloj de sol, donde en otro tiempo se levantó la casa del párroco y que ha sido recuperado por el Ayuntamiento, como un auténtico signo de identidad del municipio. También destaca una tradicional fuente con lavadero. Desde Majaelrayo se emprende una de las rutas de ascenso al Pico Ocejón, que con las fechas navideñas asiste a la tradicional puesta de un Belén en su cima.

La ladera oeste del Ocejón ofrece otro puñado de hermosos pueblos teñidos por esta particular arquitectura. En Almiruete  se enclava una sencilla iglesia románica dedicada a la Asunción de la Virgen (siglo XIII). La Peña Reloj domina su paisaje y en su entorno se puede disfrutar de las hoces del río Sorbe, el azud Pozo de los Ramos o de sus hermosos sabinares.

Valverde de los Arroyos es sin duda uno de los pueblos más significativos de arquitectura negra. Además de poder disfrutar de este particular tipo de construcción en todo su esplendor, se observa una de las más hermosas estampas del pico Ocejón. En su punto más alto se abre una coqueta plaza con una fuente, donde se indica la ruta hacia las chorreras de Despeñalagua. Por este sendero, las faldas del pico Ocejón se deshacen en hermosas praderas que en primavera se tiñen del color de la flor de cantueso. Además, es otra de las rutas de ascenso a la cima, que discurre por encima de esta cascada.

Cerca de Valverde, se encuentra Umbralejo, pueblo deshabitado e integrado en el Programa de Recuperación de Pueblos Abandonados de los ministerios de Agricultura, Educación y Fomento. Reconstruido siguiendo las técnicas tradicionales, se le ha dado un uso didáctico con el desarrollo de  campos de trabajo y campamentos de verano.

El recorrido plantea la opción de desviarse hacia Retiendas, donde se encuentran las ruinas del monasterio cisterciense de Bonaval, y poner dirección al pantano de El Vado, y tomar desde allí un camino forestal para llegar a La Vereda. Se trata de uno de los ejemplos más singulares de Arquitectura Negra - en el que sobresalen sus típicas chimeneas y hornos en su cara posterior, adosados al muro exterior- además de su hermosa iglesia de arquitectura rural con atrio porticado. Esta aldea se confunde con un barranco abrupto y sublime escavado en las rocas que le brinda gran parte de su espectacularidad. Abandonada tras la inundación de la localidad de El Vado, fue reconstruida a iniciativa de un grupo de arquitectos de Madrid y Guadalajara que configuraron en 1977 la Asociación Cultural “La Vereda”.
Cerca de aquí se encuentra el paraje conocido como las Pozas de Marte o Cascadas del Aljibe, un lugar de ensueño tapizado de cascadas y piscinas naturales.

Nota: Su acceso es complicado, por lo que se recomienda el uso de un vehículo todoterreno, o bien hacer el trayecto caminando o en bicicleta, teniendo siempre en cuenta que el recorrido tiene una duración de 1,5 horas (solo ida).Más información: http://asociacionculturallavereda.org.es/hacemos.htm

 

El Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara, también conocida como la Sierra de Ayllón, se enmarca en el sector nororiental del Sistema Central. Tiene una extensión de casi118.000 hectáreas repartidas en 35 términos municipales y un total de 55 pueblos con una densidad de población muy baja, que incluye paisajes de montaña únicos en Castilla-La Mancha por sus características excepcionales y su elevada naturalidad. Sus edificaciones y construcciones son un reflejo de la geología sobre la que se asientan e incluye dos espacios de enorme valor paisajístico y natural como el macizo del pico del Lobo-Cebollera y el Hayedo de Tejera Negra.

Hace cientos de millones de años estos parajes estuvieron inundados por un mar de profundidad oscilante. Posteriormente, las fuerzas tectónicas hicieron desaparecer ese mar y formaron una cordillera, durante lo que se denomina la orogenia Varisca, en la que se formó un gran continente conocido como Pangea. A lo largo de este proceso, estos materiales fueron sometidos a fuertes presiones, lo que propició que se transformaran en rocas distintas. Los limos y arcillas dieron lugar a pizarras y esquistos, y las arenas, a cuarcitas. En épocas relativamente recientes, la erosión fluvial excavó el barranco. Como las pizarras y esquistos son más fácilmente erosionables que las cuarcitas se crearon las condiciones para que se formaran los particulares resaltes de este terreno.