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Señorío de Molina-Alto Tajo,
un destino que te sorprenderá

El Señorío de Molina ofrece al visitante un sinfín de posibilidades: cuenta con espacios como el Parque Natural del Alto Tajo, el Monumento Natural de la Sierra de Caldereros o el Valle del río Mesa; acumula una larga historia, un gran patrimonio histórico-artístico y numerosos rincones de ensueño en excelente estado de conservación.  Además, es un lugar ideal para practicar la caza o la pesca, disfrutar de numerosas rutas senderistas o cicloturistas, o elegir entre diversas propuestas de turismo activo.

 

El Señorío de Molina es de esos lugares que cualquiera podría visitar un millar de veces y no dejarían de sorprenderle. Este extenso territorio aglutina una gran cantidad de historia, patrimonio y tradiciones y una biodiversidad difícilmente comparable, con una gran variedad de paisajes  y recónditos rincones donde perderse, por los que parece que el ser humano nunca haya plantado su huella.

En su seno se encuentra el Parque Natural del Alto Tajo, declarado en el año 2000 por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha; el Monumento Natural de la Sierra de Caldereros y el imponente Valle del río Mesa. Además, todo el territorio está integrado en la Red Europea de Geoparques por su rico patrimonio natural y en vistas al creciente interés que está despertando el turismo geológico a nivel internacional.

Conocerlo en su complejidad requiere de una visita de varios días y, aún así, probablemente, nos dejaríamos en el tintero infinidad de lugares de enorme interés y encanto.

También son variadas las actividades de las que se puede disfrutar en sus parajes: Caza, pesca, recolección de setas, piragüismo, senderismo, cicloturismo, escalada, etc.

El castillo-alcázar de Molina de Aragón –la segunda fortaleza amurallada en dimensiones después de Ávila- y la Torre de Aragón dominan cada rincón de la ciudad. Revierten el curso del tiempo para remontarnos a épocas remotas de señores feudales, antiguos fueros y enfrentamientos entre los reinos de Aragón y Castilla.
Numerosas iglesias, palacios y antiguas casonas impregnan las calles estrechas y arrugadas del casco, donde  alternan con algunos de los tramos de la muralla, que todavía permanecen en pie.
El visitante no puede dejar de reparar en el Puente Románico sobre el río Gallo; la iglesia románica de Santa Clara y el convento de San Francisco, que hoy alberga el Museo Comarcal y el Aula de Música.

A escasos 14 kilómetros, a medio camino entre Ventosa y Corduente, se encuentra el Barranco de la Hoz, puerta natural del Alto Tajo, donde las montañas se alzan como rascacielos rojizos de piedra arenisca a lo largo de un cañón en forma de hoz, que traza el río Gallo a su paso. Una hermosa ermita de orígenes templarios y una antigua hospedería reciben al visitante. La montaña da abrigo a un hermoso mirador de cuevas y balaustradas al que se puede subir andando o en vehículo desde Corduente.

Es recomendable seguir adentrándose en el Parque Natural del Alto Tajo por el  camino de Cuevas Labradas, donde el paisaje se esconde en profundas y misteriosas cavidades, haciendo justicia a su nombre. Las montañas se moldean aquí formando pliegues de acordeón y, en un alto del camino, un área experimental explica cómo se formaron a lo largo de millones de años.

Llegando al Puente de San Pedro, el turista descubre uno de los parajes más emblemáticos del Alto Tajo. Un lugar para pasar el día disfrutando de la naturaleza, de un chapuzón en una piscina natural o de las múltiples áreas de esparcimiento que se suceden a lo largo de su camino forestal. Las tobas, las rocas más jóvenes del Parque Natural, configuran, por doquier, rincones de excepcional belleza y formas de ensueño. Pasando de largo el Puente de San Pedro, asciende un camino que conduce al mirador de Zaorejas, una ventana completamente accesible, tanto en vehículo como a pie, habilitada para personas invidentes y con movilidad reducida, desde donde se admira una de las panorámicas más sublimes del cañón del Tajo.

Desde aquí, el Parque Natural ofrece múltiples posibilidades: Se puede caminar por la senda del río Tajo, que llega hasta Portugal (Geoparque de Naturtejo) admirando imponentes parajes como la cascada de “El Campillo” o acceder a la carretera de Villar de Cobeta, donde un desvío, a mano derecha, asciende hasta el paraje conocido como el Castillo de Alpetea, sin duda, uno de los mejores balcones al Parque Natural. Cerca, en Olmeda de Cobeta, se abre un bosque centenario de árboles sagrados, coronado por un singular castro celtíbero (Peña Moñuz), declarado Bien de Interés Cultural (BIC). Entre Huertahernando y Villar de Cobeta, se enclava el  monasterio cisterciense de Buenafuente del Sistal (Siglo XIII).

 

No muy lejos de aquí se encuentra la localidad de Ocentejo, desde donde podemos adentrarnos en un majestuoso cañón excavado por el río Tajo y acceder al Hundido de Aramallones, que recibe su nombre de los desprendimientos ocasionados por el terremoto de Lisboa, en el siglo XVIII. Aún se pueden contemplar los grandes bloques de piedra que llegaron hasta el río como consecuencia de este desprendimiento. En Sacecorbo no podemos dejar de admirar el hermoso valle fluvial del río Ablanquejo.

Tres valles confluyen en La Riba de Saelices, donde destaca la belleza del entorno dibujado por el río Linares en el Valle de los Milagros. Aquí se encuentra la famosa Cueva de los Casares, declarada monumento nacional en 1935, que da abrigo a más de 200 grabados rupestres de un gran interés.

También desde el Puente de San Pedro, se puede continuar por la carretera hasta Zaorejas, seguir hacia Villanueva de Alcorón y sumergirse en las profundidades de la Sima de Alcorón. Dirigirse a Peñalén y perderse en bosques encantados de rocas con formas imposibles o entre montañas que se deshacen en arenas de mil colores;  visitar Poveda de la Sierra, donde merece la pena reparar en su iglesia románica y en su increíble portada de formas vegetales y animales fantásticos.

De la CM-210, en su tramo entre Taravilla y Poveda de la Sierra (kilómetro 76) parte una senda forestal que conduce a verdaderos tesoros naturales como el barranco del Horcajo, la laguna de Taravilla o el salto de Poveda.

Peralejos de las Truchas ofrece multitud de parajes de una gran bellezas y rincones donde se puede disfrutar de un reparador baño en las frías aguas del río Tajo. Muy cerca, se encuentra la Ermita de Ribagorda y la denominada cueva del Tornero, la gruta de mayor recorrido subterráneo del centro peninsular.

Chequilla, Checa y Orea son destinos imprescindibles si se quiere disfrutar de parajes increíbles y rincones de enorme interés. El río Genitórix surca la localidad de Checa, salpicándola de puentes y cascadas. No se puede dejar de visitar su Plaza Mayor, el área experimental de la Tajera y la Aguaespeña;  Las areniscas rojizas gobiernan el paisaje de Chequilla. La plaza de toros de la localidad, que aprovecha las rocas para cerrar el ruedo, es única en España; y en Orea encontramos un impresionante río de bloques de piedra bajo el cual susurran las aguas de un arroyo.

El Señorío de Molina de Aragón ha sido escenario de multitud de campañas arqueológicas que han desvelado los restos de una gran cantidad de castros celtíberos. Para conocer cómo vivía esta cultura prerromana destacamos cuatro yacimientos por su singularidad: El castro de “el Ceremeño” en Herrería, reconstruido y habilitado para la visita con paneles explicativos; Peña Moñuz, en Olmeda de Cobeta, donde destacan su particular estructura  defensiva consistente en varias hileras de piedras afiladas hincadas en la tierra para desarmar a la caballería y un enorme foso; los Rodiles, en Cubillejo de la Sierra, por sus enormes dimensiones y Castilgriegos, en Checa, con estructura elíptica, murallas ciclópeas y un gran foso.

Fuera de los límites del Parque Natural del Alto Tajo también son incontables los encantos de los que hace gala esta tierra, que se divisan desde las almenas de singulares castillos; se palpan en los robustos muros de ermitas, templos, palacios y casonas y se aprecian en extensos páramos, valles y sierras, que imprimen un particular carácter a esta zona.

La Sierra de Caldereros fue declarada monumento natural en el año 2005. En sus páramos las rocas forman estructuras de ensueño y el Castillo de Zafra, reconstruido por un vecino, se mimetiza con ellas, escalando hacia el cielo, en el término municipal de Campillo de Dueñas. Conviene dar un paseo por esta localidad, salpicada de curiosas casas; visitar su iglesia parroquial barroca y acercarse a la Laguna de Honda.

 

Muy cerca, en Embid, se levanta otro castillo, declarado Bien de Interés Cultural. Sus vecinos han configurado una asociación para su mantenimiento y conservación. También es interesante su Iglesia de Santa Catalina (S.XVI), que guarda increíbles tesoros, como un cáliz de oro y una cruz románica, legadas en el siglo XVIII por  Álvaro de Mendoza, patriarca de las Indias.

Llegando a Milmarcos se descubre una localidad de calles coquetas y edificios señoriales.

Antes de precipitarse a las profundidades Valle del Mesa, el término de Hinojosa esconde una  ermita románica de belleza sencilla dedicada a Santa Catalina con un atrio porticado, típico de la arquitectura rural. Continuando por la senda del Románico, Labros  conserva los restos de su iglesia de Santiago Apóstol (S. XII) de la que el tiempo ha respetado en buen estado una preciosa portada de capiteles historiados.

El valle que traza el río Mesa da la bienvenida al visitante en la localidad de Mochales, donde las rocas se alzan formando curiosos tormos. En Villel de Mesa son numerosos los parajes que muestran los encantos de esta zona. Allí se admiran los restos del viejo Castillo de los Funes, desde donde se puede divisar una hermosa panorámica de la localidad, presidida por su iglesia. El río siembra de hermosos parajes la localidad de Algar de Mesa, con pequeñas cascadas, saltos y puentes de piedra.

Saliendo del valle, Establés vuelve a deleitarnos con otro castillo, construido por el duque de Medinaceli (siglo XV).

Como curiosidad,  Luzón alberga un museo en las antiguas escuelas. Esta localidad es famosa por haber rescatado una de las tradiciones más ancestrales de la provincia: Los diablos de Luzón, que se celebra coincidiendo con el Carnaval.

De vuelta hacia Molina de Aragón, por la N-211 se dan cita algunos núcleos de población interesantes, como Selas, Herrería o Rillo de Gallo. En Herrería podemos visitar el castro celtíbero de “El Ceremeño” y un pequeño museo donde se exponen diversos objetos y maquetas que sirven para comprender mejor esta antigua cultura prerromana. Es recomendable perderse por los parajes de Rillo de Gallo, en especial por el entorno de la Fuente del Cura, donde se esconden litograbados paleocristianos, huellas de dinosaurio y rocas de curiosas formas moldeadas por un río de enormes dimensiones hace millones de años.

La gastronomía es otro de los encantos turísticos de esta comarca, donde el cordero preside la mesa, junto con la matanza del cerdo y la caza. El Señorío cuenta con diversos rincones con encanto donde sentarse a comer, además de numerosos alojamientos y casas rurales donde alojarse.

Con todo ello, resulta evidente que conocer el Señorío de Molina de Aragón en profundidad requiere de más de una visita, por lo que el placer de descubrir esta comarca se convierte en su mejor carta de presentación.