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Sigüenza y Parque Natural del Rio Dulce, un viaje con rumbo al Medievo

Los más de 100.000 turistas que anualmente visitan la localidad de Sigüenza no pueden estar equivocados. Esta zona aglutina todos los ingredientes necesarios para aderezar un paseo inolvidable por la provincia de Guadalajara. En tan solo unos pocos kilómetros se puede descubrir: un conjunto monumental con auténticas joyas histórico-artísticas; un buen puñado de pueblos con encanto, castillos, fortalezas amuralladas, templos románicos y parajes naturales adornados por los valles del río Dulce y el río Salado. Además, existen numerosos establecimientos para deleitar a los paladares más exigentes y alojamientos para planificar una estancia de varios días. No en vano, los amantes del turismo de paradores tienen aquí la posibilidad de alojarse en un castillo medieval… pero ésta es solo una posibilidad…

Sigüenza es la ciudad mitrada de Guadalajara, presidida por su catedral (siglos XII-XIII) en la que dominan, principalmente, los estilos Románico y Gótico. Mandada construir por el obispo Bernardo de Agén en el siglo XII, su arquitectura mezcla elementos de edificación militar y religiosa, y en ella destaca un magnífico rosetón románico, el acabado balaustrado de su portada y sus dos torres de planta cuadrada del siglo XVI, así como el edificio de la secretaría del cabildo, de estilo Plateresco. En su interior se dan cita numerosas obras de arte en forma de altares, retablos, baldaquinos, capillas… Entre ellos es imprescindible reparar en la Sacristía Mayor, conocida también como de las Cabezas, y en el sepulcro de don Martín Vázquez de Arce, el Doncel de Sigüenza.

El Doncel de Sigüenza es uno de los iconos más representativos de la localidad. Don Martín Vázquez de Arce no destacó por sus grandes gestas o por su relevancia histórica. Hijo del secretario personal de la familia Mendoza, su fama y memoria se deben a la particularidad de su enterramiento. De finales del Gótico (1486) y cincelado en alabastro, su sepulcro está en la capilla de San Juan y Santa Catalina de la catedral de Sigüenza. La obra escultórica destaca por representar a este personaje recostado sobre un codo, leyendo un libro, en lugar de la postura yacente, como se acostumbraba en este tipo de obras funerarias, y por el gran detalle con el que se esculpieron sus formas.

Sus calles, de trazado medieval, descubren numerosos rincones que beben de otros tiempos en los que la ciudad fue un importante enclave defensivo y sede episcopal. Edificios de arquitectura civil y religiosa, plazas, antiguas murallas y puertas que miran a través de arcos de medio punto, evocan relatos de otros tiempos. El palacio de la familia de los Gamboa alberga el Museo Diocesano, que muestra importantes obras de arte, entre las que destacan cuadros de la talla de la Anunciación de “El Greco” o la Inmaculada Concepción de Zurbarán; la Plaza Mayor porticada, de arquitectura castellana tradicional, fue mandada construir por el cardenal Mendoza en el siglo XVI y acoge el Ayuntamiento, la Casa de Tesorería y el mercado; el castillo, reconstruido como Parador de Turismo, domina la ciudad de Sigüenza desde su punto más alto. Fue asentamiento de los celtíberos, visigodos y árabes antes de la Reconquista y hoy es uno de los hoteles de la Red Nacional de Paradores con mayor encanto y sabor medieval.

 

Además, el recorrido por las calles de Sigüenza descubre edificios de interés arquitectónico como la iglesia de Santiago (S.XIII), la Casa del Doncel (S.XVI) , la iglesia de San Vicente, la iglesia de Santa María (S. XVII-XVIII), la antigua universidad (S.XV), el Seminario de San Bartolomé, el Palacio de los Infantes, la Ermita del Humilladero, el Convento de las Ursulinas o la iglesia de Nuestra Señora de los Huertos; rincones como la Plazuela de la Cárcel; restos de sus antiguas murales medievales en la Puerta del Hierro, el arco del Portal Mayor o el cubo del Peso y lugares por donde disfrutar de un agradable paseo, como el parque de la Alameda.

Desde la estación de Chamartín (Madrid) parte un tren que rompe la barrera del tiempo. Fruto de un convenio entre RENFE y el Ayuntamiento de Sigüenza surgió esta singular propuesta de Tren Medieval, que conecta el turismo de Madrid con la Ciudad del Doncel. Sus viajeros experimentan un viaje en el tiempo que comienza ya en el interior del tren con representaciones teatralizadas protagonizadas por los personajes más emblemáticos de la historia seguntina, como el obispo don Bernardo de Agén o doña Blanca de Borbón. El viaje se complementa con una visita guiada por los rincones más destacados de la ciudad, sorteos y gastronomía. Este viaje en el tiempo culmina por la tarde, cuando el tren devuelve a sus pasajeros al punto de partida.

 

A escasos kilómetros de Sigüenza, Palazuelos, conocida como la Ávila Alcarreña, es un caso excepcional de ciudad amurallada cuyo perímetro se conserva casi íntegro. Se localiza en lo que fue un enclave estratégico para guardar los pasos entre el río Salado y el Henares. De hecho, en uno de sus cerros se han hallado los restos de un antiguo asentamiento celtibérico. Fue propiedad de los obispos para pasar después a manos de la familia de los Mendoza. Su castillo y fortificaciones fueron mandados construir por el marqués de Santillana, pero fue su hijo, Pedro Hurtado de Mendoza, quien terminó la obra en el siglo XV. También es interesante su iglesia parroquial románica, y la plaza con una singular picota. Pozancos, localidad cercana, acoge la iglesia románica de La Natividad (S.XIII).

En Carabias uno puede pasear meditabundo, huir del mundanal ruido y perderse en el silencio de sus calles disfrutando de la contemplación de su hermosa iglesia románica del Salvador,  de su atrio porticado, donde la luz se escurre entre sus arcos de medio punto apoyados sobre elegantes capiteles con motivos vegetales, jugando a dibujar enigmáticas sombras sobre su portada principal. En su sobria plaza canta el agua de la fuente que en otro tiempo regó los fértiles huertos de la Roqueña.

Sobre una sublime montaña de plegamientos y escarpes, se levanta desafiante el castillo de la Riba de Santiuste, conocido también como “castillo de los obispos”. Se asciende a él por un camino que bordea la ladera, al que se accede cruzando la plaza del pueblo, donde destacan su iglesia de planta románica, el Ayuntamiento y el antiguo lavadero. Antes de comenzar el ascenso, se atraviesa el río por un bonito puente de piedra del siglo XVI. Esta fortaleza vigila el valle del río Salado y desde él se disfrutan unas impresionantes vistas del mismo, que está reconocido como Lugar de Importancia Comunitaria (LIC).

La salinidad del terreno, además de dar nombre a este valle, propició el afloramiento de una próspera industria salinera, de la que se conservan algunos restos en la localidad, así como en Rienda o Imón. Ésta última es la más importante y sus instalaciones son accesibles y están convenientemente explicadas a través de paneles para su visita. Sus orígenes se remontan al siglo X y han estado siempre en manos de los reyes de Castilla. Carlos III modernizó estas salinaes y realizó una intensa explotación de las mismas, llegando a convertirse en una de las industrias salineras más importante de España. Su actividad cesó en el año 1996 y hoy se conservan algunas de las instalaciones para la producción de sal y el almacén. Sus restos han sido declarados Bien de Interés Cultural (BIC)

Siguiendo la senda de la ruta de los castillos, emergen sobre un promontorio rocoso las ruinas del castillo de Pelegrina. Justo antes de llegar al municipio, se levanta el mirador de Félix Rodríguez de la Fuente, en memoria al fallecido naturista que eligió estos paisajes para grabar algunos de los capítulos más emblemáticos de las series documentales “El hombre y la tierra” y “La Fauna Ibérica”. El mirador ofrece una hermosa vista del barranco, desde el que se observa, a lo lejos, la imponente cascada del Gollorio. Ascendiendo por las angostas calles de Pelegrina hacia el castillo sorprende la hermosa portada de su iglesia románica, resguardada por un atrio porticado, muy típico de la arquitectura rural castellana.

El Barranco del Río Dulce fue declarado Parque Natural en 2003. Una breve visita dotará al turista de las herramientas necesarias para comprender la geología de este parque, los usos tradicionales del mismo, su flora y su fauna.

El Barranco del Río Dulce acoge una particular ruta cuyos elementos explicativos están adaptados para ser disfrutados por personas invidentes. El recorrido tiene 1,5 kilómetros y discurre aguas abajo del Río Dulce, desde la localidad de La Cabrera hacia Aragosa.

 

Pelegrina es el punto de partida de varias rutas senderistas que recorren las poderosas hoces del río Dulce y algunos de los parajes más destacados del Parque Natural entre los municipios de La Cabrera y Aragosa. La ribera del río dibuja un sendero de paseo sencillo a la sombra de los chopos, sauces, fresnos, álamos o arces, donde las rocas se levantan formando cuchillos, oquedades y ojos y el río discurre formando cañones, meandros, cascadas y pequeños saltos. También encontramos algunos elementos arquitectónicos de interés, como la iglesia románica de La Cabrera, o el puente de piedra sobre el río en Aragosa. Las rutas no entrañan dificultad alguna, salvo, en algunos casos, su distancia (hasta 11 kilómetros).

Las hoces de Pelegrina se convirtieron, durante los años 70, en un gran plató donde los animales eran los actores principales, que actuaban bajo la dirección de Félix Rodríguez de la Fuente. Todavía se mantiene en pie la caseta donde el naturista guardaba el material de filmación. El equipo de grabación estaba formado por biólogos, expertos en rapaces, ambientólogos, botánicos, voluntarios y los mejores técnicos de Televisión Española. Como curiosidad, los episodios de la serie “El hombre y la Tierra” se grabaron con cámaras de 35 mm., modelo Mitchel, que pesaban alrededor de 50 kilos, y fueron los primeros en filmarse con calidad cinematográfica. Estas innovaciones técnicas hicieron que la serie se emitiera en varios países y recibiera numerosos galardones.

 

No se puede pedir más. Todo esto es lo que hace de Sigüenza el destino preferido por los turistas: una infinidad de encantos, sin necesidad de largos trayectos en coche, donde la belleza monumental y paisajística está al alcance de la mano. Solo hay que dejarse llevar y disfrutar del placer de pasear y descubrir todo lo que esta comarca nos ofrece.